Un contrato debe encajar con tu consumo y con el nivel de previsibilidad que necesitas. Revisamos precios por periodos, potencia, duración, renovación, permanencia y servicios añadidos. Cuando procede, valoramos alternativas disponibles según tu perfil.
Para comparar, prestamos atención al coste del conjunto y a las condiciones de la oferta. Una promoción inicial o un descuento aislado no explica por sí solo lo que acabarás pagando.
Estudiamos la potencia contratada y, cuando disponemos de la información necesaria, su relación con la demanda real. Valoramos posibles ajustes y los costes que pueden acompañar al cambio.
En empresas, analizamos también los periodos de potencia y los posibles excesos cuando resultan aplicables. La recomendación busca adecuar la contratación al uso del suministro y mantener la capacidad necesaria para trabajar.
Algunas instalaciones pueden generar cargos por energía reactiva. Revisamos las facturas para detectar su presencia y valorar si es necesaria una evaluación técnica.
Cuando procede, estudiamos soluciones de compensación, como baterías de condensadores, teniendo en cuenta las características de la instalación. El dimensionamiento y la actuación deben responder al problema concreto.
La eficiencia consiste en aprovechar mejor la energía que necesita tu actividad. Analizamos oportunidades relacionadas con equipos, horarios y funcionamiento de la instalación para valorar medidas que puedan reducir consumos evitables.
Priorizamos las propuestas según su utilidad y las necesidades del suministro. Cuando una medida requiere inversión o intervención técnica, se estudia su alcance antes de recomendarla.
La primera valoración puede identificar qué conviene estudiar con más detalle. El alcance y las condiciones de los servicios posteriores se concretan según las necesidades del cliente.
La primera valoración energética es gratuita. Plazo orientativo de primera respuesta: 24–72 horas.